sábado, 30 de mayo de 2009

CREATIVOS I. LA ORIGINALIDAD Y LA FORMA




No es nuevo ni mucho menos. David Chipperfield ganó en el 2007 su primer Stirling Prize con un edificio para el Museo de Literatura Moderna en la ciudad de Marbach am Neckar Alemania. Me interesa destacar una parte del veredicto que emitió el jurado sobre dicho edificio:


"In a suitably commemorative manner the building forms a small Acropolis attached to the National Schiller Museum on a ridge overlooking the valley of the River Neckar.The entrance sequence is brilliant. The visitor crosses an open terrace overlooking the valley, negotiates a series of shallow steps to enter the generous portal formed in the colonnade, and then enters through giant hardwood doors. "

La siguiente linea pertenece a la memoria descriptiva de Chipperfield:

"The museum is located in Marbach’s scenic park, on top of a rock plateau overlooking the valley of the Neckar River."



Dice Antonio Miranda en su libro "Ni Robot, Ni Bufón":

"Toda Obra importante no ha sido, a lo largo de la historia, otra cosa que emulación antimimética, crítica y paradójica, de otras grandes obras. Por paradoja, no parece existir obra valiosa o auténtica (auto-éntica) que no remita por reinterpretación, contraste y negación a una tradición, a veces remota, propia o ajena, de menor calidad."

No afirmaré nada, solo lo dejo aqui para un posible y largamente deseado debate.

viernes, 29 de mayo de 2009

DISTINGUIR ENTRE ARQUITECTOS Y SHOWMANS


Freddy Massad y Félix Arranz


La generación arquitectónicamente hablando 3.0, tiene dos caras. Una de ellas es la arquitectura ahistórica que se basa en la
exacerbación de la tecnología digital, en el analfabetismo arquitectónico, en dedicar más tiempo a la promoción de una idea que al propio proyecto, la arquitectura de los showmans. La otra cara la conforma esa arquitectura que rompe dogmas pero con conocimiento histórico, la que hace que un lugar sea mejor, la que nunca crea un icono que sobresalga por encima de la sociedad. La crítica de la arquitectura, tal cual se conoce del siglo pasado, ha perdido a nivel mundial. Es incapaz de contextualizar las obras con su entorno, de comprender el mundo en que viven. La crítica tiene que renacer políticamente incorrecta y, si acaso, retractarse en el futuro.


Escuchar podcast aquí

viernes, 22 de mayo de 2009

EL MUNDO QUE VIENE

Luis Fernández-Galiano


Miramos a los jóvenes para adivinar los perfiles del mundo que viene. Sin embargo, los trabajos de las últimas generaciones contienen más deseos que pronósticos. Empujados por un sistema que basa el reconocimiento en la singularidad, la mayor parte de los arquitectos emergentes se esfuerza en hacerse notar dentro de un paisaje abigarrado donde sólo la excepción garantiza una efímera popularidad. En esa sopa de letras, alimentada también por unos medios que veneran la novedad como combustible de una acelerada mudanza de modas y tendencias, los jóvenes estudios procuran afianzar sus siglas como único camino hacia la estabilidad profesional o personal, y este proceso premia más lo distintivo que lo compartido, más lo original que lo repetible, y más los gritos que los susurros. Aunque pertenecen a una generación cronológica, las obras y proyectos de los arquitectos recientes no dibujan un panorama solidario y, en ausencia de un propósito coral, reflejan esencialmente la extrema diversidad de sus intenciones.

Seleccionar un conjunto representativo de oficinas emergentes es siempre una apuesta de riesgo, y en esta excursión a oscuras nos hemos guiado por varios límites arbitrarios y algunos indicios inciertos. Los límites han sido el inevitable de la edad —fijada en los habituales cuarenta años— y la decisión de publicar un solo equipo por país, independientemente de su dimensión económica o demográfica, un criterio discutible que empero permite hacer la lista manejable, habida cuenta de que este número amplía su ámbito geográfico (constreñido a España o Europa en anteriores recopilaciones de arquitectura joven en nuestras revistas) a todo el planeta. Por su parte, los indicios utilizados para confeccionar la relación han sido los numerosos premios que se otorgan a despachos primerizos y el que supone haber completado al menos una obra. Así, tanteando las paredes de edades o países, y entornando los ojos para percibir la débil claridad de los reconocimientos y los logros, se ha elaborado nuestro índice.

Resultado de este proceso exigente y azaroso, la lista de equipos que se ofrece —ilustrado cada uno con una obra y un proyecto— está esmaltada de inconsistencias, y acaso de hallazgos. Faltan países significativos, y otros están representados por estudios de ubicación equívoca; hay arquitectos que llevan una década emergiendo, y otros que siendo oficialmente jóvenes dirigen oficinas de envergadura; aparecen despachos plenamente locales en sus miembros y encargos, y otros tan cosmopolitas en su composición como en la dispersión geográfica de las obras. Estas arrugas y agujeros enredan la relación cartesiana, pero dan también textura y espesor a este retrato de humo: en él se vislumbran sombras evanescentes y sueños imprecisos junto a chispas de pedernal y reflejos de acero. No es fácil saber si el conjunto anuncia la niebla o el incendio, pero su penumbra vaporosa compone una representación pixelada de un mundo en fragmentos, y en esas esquirlas de espejo no vemos lo que viene sino lo que somos.

domingo, 26 de abril de 2009

TEMPLOS GRIEGOS

Sólo una vez le oí insinuar que su obra expresaba un impulso religioso, profundamente escondido.

Al final de aquel viaje de 1959, nos quedamos con nuestras dos familias visitando Nápoles y sus alrededores como cualquier turista, unas veces por nuestra cuenta y otras en grupo. Tras visitar Pompeya me dijo haber sentido una "profunda afinidad" entre su obra y los murales de la Casa de los Misterios, "las mismas sensaciones, las mismas amplias extensiones de color sombrío".

Con nuestras dos familias nos fuimos a pasar el día a Paestum, solar de una antigua colonia griega en que se conservan las ruinas de tres de los templos más interesantes que quedan de Atenas para acá. (Durante la segunda guerra Mundial, Paestum fue tomada por las tropas americanas como cabeza de playa de Salerno, convirtiéndose el templo de Neptuno en cuartel general y centro de comunicaciones. Sólo por milagro no fue destruido por la artillería alemana situada en las colinas que rodeaban el campo de batalla).

En tren rumbo al sur de Nápoles, dos chicos italianos de vacaciones se hicieron amigos de mis hijas y decidieron unirse a la troupe. Dijeron que les encantaría hacernos de guías, aunque no tenía mucho sentido ya que no hablaban inglés y ninguno de nosotros hablaba italiano. La conversación, si la podemos denominar así, se mantuvo en francés, que ellos chapurreaban con dificultad y que mi hija mayor, Nic, hablaba algo mejor.

Las ruinas resultaron ser aún más espléndidas de lo que las guías de viaje hacían esperar. Vagamos por ellas durante toda la mañana; Rothko examinaba todos y cada uno de los detalles de la arquitectura totalmente absorto, sin casi pronunciar palabra. A mediodía compré pan, queso y una botella de vino en una tienda cercana y nos sentamos en una sombra bajo la bóveda del templo de Hera a almorzar. Nic apenas probó bocado, ocupada como estaba en interpretar las preguntas de los chicos. ¿Quiénes éramos? ¿Qué hacíamos allí?

Volviéndose hacia Rothko, le dijo: "Les he dicho que eres artista y me han preguntado si has venido a puntar los templos". "Diles –respondió- que llevo pintando templos griegos toda mi vida sin siquiera saberlo".


Fragmento de <La butaca: Mark Rothko, retrato del artista enfadado>. John Fisher, 1970.

Seguidores